
«El tiempo es una paciencia
largamente presentida
y elástica»
Mario Trejo
Cuando llegué acá el patrón me preguntó el nombre, después nunca más me habló. ¿Sabe usté lo que fue llegar acá? Me dieron las botas vea, el uniforme, todo a pagar porque no tenía en ese entonces y acá se necesita por las normas. Pero vea el otro día nos juntó en el galpón grande, el del eucaliptus viejo, y nos agradeció todo el trabajo que hacemos. Estaba el jefecito al lado. Serio vea, y eso que el día anterior se había empedao y había estado dele cargosear a la china de la casa. Pero está acostumbrao se ve porque estuvo todo el rato ahí parao y atento al patrón vea, que dijo que va a traer un modelo nuevo de cría para mejorar la producción y que vamos a tener que espabilarnos un poco, que si nos dormimos nos pasan por arriba y que con este modelo sustentable va a haber un montón de changos queriendo venir a trabajar acá. Es cierto eso si yo sé que en el pueblo hay montón de gurise queriendo entrar, preguntando. Otros andan de vago, vea. Si tuviera yo un hijo no le dejaría andar así con el desperdicio del tiempo. Vea cuando yo era pibe hice las mías pero me encarrilé pronto, por la vieja que andaba muy mal de salú. Siempre trabajó en casa de familia, sin descanso vea, un ejemplo la vieja. Ella me hizo entrar acá, casi un año antes de morirse fue vea. Me decía te va a gustar a vó que sos bichero. Si viera la vieja que las gallinas a veces se desmayan o se caen muertas ahí nomá, vea. Todas en fila una al lao de la otra, a cualquiera se le hacen iguales pero qué va. Cuando andan en las últimas ya les ve uno los días anteriores que ni un cacareo: yo digo que avisan vea. Se van quedando roncas, afónicas, como si se secaran de adentro. Y ahí con el cogote que ya está sin vida, porque uno les ve flojas, se les despluma la vida ¿sabe? se desploman como quien dice, se quedan sin fuerza ahí nomá y caen mudas. Así que creo que está bien si traen algún sistema, alguna tecnología como dijo porque viera que es feo estar juntando cadáveres. Son montones de gallinas, vea al principio yo les tenía cariño, les reconocía por alguna cosa particular, algo en las plumas, en la vista. En la actitú, usté sabe que tienen personalidá las muy guachas. Lo miran mal a uno cuando cae la noche, perciben la oscuridad, parece que supieran que uno se va a dormir y ellas siguen ahí con la calor meta poner huevo. Cuando caen se les nota el cansancio en la cara. Dejá de embromar dicen acá, vea, pero yo le digo que es así nomá, y que es una pena que solamente hayan vivido acá encerradas ¿me entiende? Son bichos que nunca vieron el sol, que toda la luz que conocen son los lamparones que están veinticuatro por veinticuatro aunque el patrón y el jefecito dicen que eso no hay que contar, que si preguntan acá las luces se apagan pero que si se apagan con qué nos pagan. Las gallinas estas nunca picotearon en el pasto, vea, si la mayoría ni pico tiene, les cortan de chiquitas. Cuando cuento que trabajo acá me preguntan cómo me aguanto el olor a mierda que se siente desde la ruta y vea yo no lo siento, será que uno se acostumbra.

Ana Giovenco (Buenos Aires, 1976)
Trabajadora Social, docente, escritora. Trabajadora de la educación pública. Mujer del conurbano bonaerense, mamá. Promotora de las artes en el dúo SeyAn de música y poesía. Publicó los libros «Puerta a puerta», «Notas para cuando vuelvas» y «Pedimos perdón». Orgullosa ganadora del 5to Certamen Nacional de Literatura «Osvaldo Bayer 2023» en clave de Género y Diversidad, con el relato «Yo allá yo acá». Mención en el «II Concurso de Literatura Inquilina 2025» con el cuento «El plan».
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