
Sobre Muitú (Patronus, 2026) de Ernesto Gallo
Cuando me encontré por primera vez con los poemas de Muitú, este libro precioso de Ernesto Gallo, mi sensación instantánea, la que quedó en mí más inmediatamente asociada a su lectura, fue la de haber entrado a un espacio abierto y luminoso, cuya extensión intensamente habitada y viva tenía algo de cámara del tesoro a cielo abierto. Allí aparecía, como si me hubiera estado esperando –¿no sentimos siempre algo así con los libros que nos encantan?–, una geografía que podía reconocer, hecha de soles tremendos y sequías, de siestas pasadas bajo árboles de mango, o acechadas por un viejo que se llevaba chicos en la bolsa; hechas de suelos resquebrajados donde el yacaré devoraba «al borde de la represa / a poca profundidad» a la cría de carpincho, y moría al instante atrapado por el yaguareté, que más tarde cazaría fatalmente al hombre que le disparó desde su caballo; o donde un carayá adulto mataba a otro por un puñado de ñangapirí rojo sangre.
Una geografía que se siente, a la vez, continental e íntima, y dentro y fuera de la historia, para volverse sostén de «animales raros», capaces de dormir en el «puente verde» de un camalotal o dejar ver sus «ocho cabezas / como una hidra-quimera / correntina» sobre la superficie del «río planchado».
Y así, en estos poemas, en los que se diría que el bicho que habla es el que anda más callado, son otras voces las que se dejan oír entre las pausas largas de los versos, a los que parece que el silencio les pudiera crecer, como la ura, «entre la voz y la carne»; o hacerse blando y profundo como en los ojos de las vacas, o de la «cebú blanca / con su joroba milenaria», o en el abrazo de los tres hermanos que, de pronto, mientras arrecia la tormenta, comprenden, «entre la luz del siguiente rayo / y el sonido del trueno», que «esta es la única manera / […] / de seguir cerca». Plegados al ritmo sigiloso, introspectivo de los versos, el tuc tuc del pájaro carpintero, el grito de los chajás, el mugido del ternero atado a un poste, el trino borrado del mbigúa o estirado del siri-rí en la última sílaba, abren pequeños claros donde el corazón humano prepara su metamorfosis a tatú mulita o animal dormido, mientras «respira lento / un ovillo que espera / para seguir».
Son magias como estas, creo yo –magias de atar, como calladamente, el tiesto del sentido que enlaza órdenes y especies, lo pequeñito y lo vuelto insondable–, las que hacen que una sienta que, en los poemas de este libro, se cuenta entretejida una historia muy antigua, y que esa historia bien antigua que se cuenta nos abarca a todos, gentes y animales y plantas, y lo que la tierra es por adentro y por afuera, y lo que cada persona es por adentro y por afuera (abuela que habla con el mango, padre que habla con los caballos, madre capaz de flotar «como si tuviera el cuerpo de madera», ¿que habla con el agua?). Magia que, se diría, empieza ya a volverse sonora en el título mismo, en esa palabra desconocida, apretada y tersa como una semilla: Muitú, con su forma de pequeño golpe seco; una palabra chiquita, puntuda, en la que, gracias al poeta, vengo a enterarme que vivía, como abrazando a todas las especies, «ese bicho raro / […] / esa ave mitológica / de pico amarillo de pterodáctilo / cresta negra / que aparece poco / mezcla de gallo y águila // la familia […] un animal en peligro de extinción».

Sonia Scarabelli (Rosario, 1968)
Ha publicado los siguientes libros de poemas: La memoria del árbol (Los Lanzallamas, 2000), Celebración de lo invisible (Premio Municipal de Poesía Felipe Aldana, EMR, 2003), Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscuras (bajo la luna, 2008), El arte de silbar (bajo la luna, 2014), Últimos veraneantes de febrero (bajo la luna, 2020), La felicidad de los animales. Poesía reunida 2000/2021 (bajo la luna, 2021), que incluía dos libros inéditos, y Las cosas comunes (bajo la luna, 2025). En 2009, publicó La orilla más lejana, en la Colección de crónicas de la EMR (Editorial Municipal de Rosario). En 2023 recibió el Premio Provincial de Poesía José Pedroni para obra publicada por Últimos veraneantes de febrero.
Debe estar conectado para enviar un comentario.