
Situar y repensar el lazo entre analistas es una tarea permanente para los practicantes del psicoanálisis, en especial, cuando nos proponemos la vía institucional. Dicho lazo produce múltiples efectos que otros, antes que yo, han retomado y que el presente texto se propone tocar al menos en una pieza. El asunto nos vuelve a interrogar porque, contrariamente a evoluciones superadoras o a “volvernos mejores”, estamos siempre al borde de caer en todo tipo de pasiones, prejuicios, saberes consabidos, fijaciones enquistadas e ignorancias decididas.
En la institución psicoanalítica de la que formo parte decidimos sostener la experiencia de ese lazo intra y extra muros, orientados por ciertas ideas que marcan el norte de una basta tarea y en constante apertura. Leemos a Freud y con él a los analistas que siguieron, teniendo presente la brújula que indica ir hacia el origen o la antecedencia, fijándonos “de dónde vienen las cosas”, intentando una lectura lo más despojada posible, sobre todo, de la idea de superación. Por otro lado, nos orientamos, al abordar los textos, con la operación de “leer con”, lo que nos amplia el horizonte y genera las condiciones para dejarse sorprender o leer lo que aún no ha sido escrito.
La historia del movimiento psicoanalítico se sigue escribiendo y no es lineal sino recursiva, quebrada, tachada y la mayoría de las veces eludida. Algo central la atraviesa de punta a punta y es el asunto de la sucesión, las generaciones de analistas, la autorización, la legitimación y también el poder. Sin que la generación siguiente herede a sus maestros no hay continuidad, pero nada dice que eso sea un lecho de rosas sino más bien, todo lo contrario. La formación de los “candidatos” y la sucesión de los lugares de dirección de la institución suelen ser batallas difíciles.
Siguiendo las orientaciones antes mencionadas (“de dónde vienen las cosas” y “leer con”) fui llevada a una de esas lecturas que convendría no pasar por alto y que, como levantamiento de una represión, da paso a la sorpresa.
Mi generación se formó con Lacan. Se contaba con un buen número de seminarios ya publicados y establecidos, muchas veces homologados a una última palabra, especie de palabra santa, incuestionable. Por suerte tuve otros maestros y maestras que me impulsaron en otro sentido, el de las buenas preguntas.
De esas buenas preguntas surge el interés en la lectura de la obra de Melanie Klein. Interés atravesado, además, por tomar a cargo el área de Psicoanálisis con niños, del Centro de lecturas, debate y transmisión (institución de la que formo parte hace 15 años). Conviene entrar en el asunto de esa “clínica” orientada por algunas preguntas básicas: ¿dónde y cómo surge el llamado “psicoanálisis con niños? ¿existe? ¿respeta los postulados freudianos y los conceptos centrales? ¿cómo se practica? ¿hay un paralelismo entre el psicoanálisis con adultos y con niños?, etc.
Una grata sorpresa surge de mi lectura de los textos de Melanie Klein, fue el hallazgo de estar frente al esfuerzo de alguien que con alegría y coraje hace su aporte para hacer avanzar el discurso y que su existencia tenga un porvenir. Leer es poder penetrar en esas experiencias, que en la narrativa de la autora abundan, sus libros están poblados de referencias detalladas de sus casos, de sus intervenciones y del saber que extrae de ello. Leer su obra es una experiencia inmersiva, literalmente, nos permite adentrarnos en algo escrito desde las entrañas que nos es invitado a probar.
Si bien este tramo de la historia transcurre en el plano internacional Francia–Inglaterra, considero que puede aportarnos a nuestra lectura del psicoanálisis en lengua castellana en general y en particular al estado del método psicoanalítico.
Pensar la clínica con niños implica entonces hacerse de estas preguntas iniciales cuya respuesta permite enfocar a esas dos analistas legendarias, Anna Freud y Melanie Klein, quienes dieron lugar, con sus aportes, al debate de ideas y a la generación de las condiciones necesarias para lo que hoy nombramos “psicoanálisis con niños”. Los niños no habían sido objetos de abordaje para Freud de manera directa, excepto por el caso Juanito, quedando así el sufrimiento infantil en manos de la familia, los médicos y los pedagogos. Al no ser un área explorada menos aún estaban ajustados el método, la eficacia, ni los beneficios o perjuicios, y tampoco constatado que los principios fundamentales puedan sostenerse en el caso de niños. En resumen, todo por hacer.
En este punto cabe recordar que frente a extender el alcance del método psicoanalítico a mayor cantidad de personas notamos la renuencia de Freud, con un criterio más proteccionista que de apertura indiscriminada. En otra orientación, Lacan nos invita a los analistas a no retroceder frente a las psicosis ni frente a los niños, proponiendo la extensión del alcance del método psicoanalítico. Hacer clínica con psicosis o con niños pasa a formar parte de la validación del analista a que haya podido tomar a su cargo alguno de estos frentes complejos. No obstante lo dicho, Freud es el primero que mete las manos en la masa y prueba, a través del padre de Juanito, y su instrucción “sui generi”, el análisis infantil.
“Lo infantil” era un campo nuevo, un área por conquistar y, por lo tanto, sujeto a prueba. De los informes escritos que se pueden leer se deja ver una marcada disidencia de las dos figuras más sobresalientes en este asunto. Para Anna Freud el análisis infantil no es viable, ve al niño como inmaduro para un análisis, dependiente en alto grado del adulto y sujeto de reeducación más que de análisis. En cambio, es Melanie Klein quien, al toparse con el texto de Freud “Sobre el sueño”, levanta la vista habiendo sido tocada por el deseo de ese hombre. A partir de ese momento avanza sin cesar, en principio entrando en análisis con Ferenczi y volviéndose una ferviente seguidora del psicoanálisis y su ámbito. Es ella la que apuesta a que sí es posible un análisis infantil, y con la curiosidad necesaria avanza con prisa y sin pausa hasta sus últimos días en esta causa.
En este artículo no pondré el foco en Ana Freud sino en Melanie Klein. Las razones que me asisten son varias, nombro algunas sobresalientes y dignas de situarse en la historia del movimiento.
Traer a Melanie Klein toca de cerca un asunto crucial para toda institución, el asunto de los que “siguen”, ese grupo psicoanalítico que va tomando cuerpo. Casi nada muestra que el tema de la sucesión sea simple, sino todo lo contrario.
Para ubicarnos, en referencia a este primer punto, tanto Ana como Melanie, por edad, están en la línea de los hijos de Freud y Lacan en la línea de los nietos.
El asunto de Ana merece un estudio aparte, solo subrayo la cuestión de la herencia legítima basada en la sangre y que creo, por momentos fue un tema que obstaculizó a Freud en el hacer y el pensar la continuidad del psicoanálisis, y puede haber sido un motivo fuerte para pasar por alto las lecturas de Melanie Klein y lo que aportaba en ellas al psicoanálisis.
Me imagino que de no haber tenido Freud una hija que pretendiera dedicarse al psicoanálisis el decurso de las cosas hubiese sido otro. Me imagino, que de no haber existido una confrontación personal y teórica tan grande entre la hija de sangre y la hija política sobre como encuadrar, desarrollar y apuntalar ese nuevo campo de lo infantil, le hubiese interesado mucho a Freud leer y conversar con Melanie Klein sobre el porvenir del psicoanálisis, sobre todo porque ella llevaba sobre si tres cualidades que Freud estimaba.
En primer lugar, Melanie no era médica.
En segundo lugar, era parte de una minoría dentro del movimiento, una mujer que accedió a la membresía de la Sociedad Vienesa y luego Británica de psicoanálisis (asociadas a la I.P.A.), sin los avales para ello.
En tercer lugar, ella leía con avidez y entusiasmo (desde otra perspectiva, la femenina) los textos freudianos y con su interés guiado por lo femenino, lo materno, el amor, el odio, la venganza, va animándose a experiencias que le permiten luego, crear una variante del método psicoanalítico para el abordaje de niños: la “Play technique”. Invento que marca un antes y un después en la expansión del campo del psicoanálisis.
Agrego un cuarto factor. Pese a grandes obstáculos nunca retrocedió frente a la sexualidad infantil, ni a la segunda tópica freudiana, que introduce la pulsión de muerte, la destructividad y el masoquismo, incluso diría que los usó de base firme para sus elaboraciones en las que se anticipa, incluso, a lo que conocimos a partir de 1950, el Proyecto de una psicología para neurólogos. Escribe y piensa en esa línea antes de que esto fuera publicado.
Tomo noticia de Klein por Lacan, pero no por los lacanianos. Excepto por un libro de una analista lacaniana, no hay bibliografía que retome esas referencias tan presentes e importantes a Klein en Lacan. Tampoco encuentro analistas kleinianos que tomen las referencias lacanianas a Klein. A pesar de la ausencia de producciones que los retomen, creo que tanto Klein como Lacan han sido lectores de Freud, de esos que leen a fondo, no tan amablemente, lo cual les permitió tomar lo suyo de Freud, apropiarse.
En el título de este texto juego con la palabra cita, en dos vertientes, cita como encuentro personal con otro, y la vertiente de cita bibliográfica.
¿Cuántas citas bibliográficas de Klein a Lacan encontramos? Ninguna, y en parte eso se explica porque la producción escrita de Klein se extiende entre los años 1932-1959, años en que Lacan apenas había presentado su tesis doctoral (1932) y El estadio del espejo (1936/49) y en el año 1953 recién inicia su seminario, en cambio, las citas bibliográficas de Lacan a Klein son numerosas y de lo más interesantes, son las que me llevaron al interés por la autora.
No voy a ocuparme de tomar cada cita bibliográfica en este texto, pero les dejo una de mis favoritas ya que expresa la perspectiva de Lacan: “Debemos tomar el texto de Melanie Klein como lo que es: el informe de una experiencia”. Esta cita es de la clase 7 del Seminario 1, cuando Lacan se mete de lleno en la lectura del caso Dick. No me parece mera casualidad que esta cita sea posterior a los encuentros entre ambos analistas (1947-51).
Que alguno de nosotros pueda escribir y hacer circular entre otros analistas el informe de una experiencia analítica, está a la altura de lo que Lacan inventara como “el pase” – con otros matices – pero con la relevancia de “pasar” a otros algo de esa práctica. Hacerlo implica animarse a decir como se lee, como se interviene, que lógica se extrae de ello, sabiendo que al exponerse de ese modo uno queda indefenso frente a los colegas especialmente, cuando lo que se propone es hacer un aporte, tocar algo establecido.
Resulta muy enriquecedor leer a “Lacan con Klein” en tanto él la toma de punto de apoyo para “conversaciones ficcionadas” que hacen existir, otra vez, al psicoanálisis. Es cierto que Lacan leyó a muchos otros, pero creo que en el caso que les traigo, rescató con fuerte entusiasmo ese testimonio de una experiencia, ya que lo escrito arma esa comunidad con quien está (muy) metido, y lo cuenta desde adentro.
Rastreando los documentos que pueden consultarse encontramos que las “citas personales” fueron de interés para ambos.
- En 1947, Henri Ey quiso crear una Asociación Internacional de Psiquiatría y organizar un primer Congreso. Él mismo le pide a Lacan que intervenga en su nombre frente a Klein para que esta participara del Congreso y que hablara del “Progreso del Psicoanálisis”, a pesar de la presencia de Anna Freud. La primera vez que Klein recibiera esta invitación esa presencia había provocado el rechazo de la invitación. Lacan le responde por escrito a H. Ey: “Te mandaré a Melanie Klein dentro de diez días a Bonneval”.
El 28 de enero de 1948, M. Klein relata el episodio en una carta a Clifford Scott: “El Dr. Lacan, quien, en calidad de antiguo director de la Clínica Psiquiátrica de París pone a jugar toda la influencia de que dispone para interesar a los psiquiatras en el psicoanálisis, ha desplegado su mejor esfuerzo para que el último tema escogido sea El progreso del psicoanálisis. Según él, esta elección no se pudo hacer a causa de la oposición del grupo psicoanalítico francés y sus tendencias reaccionarias.
Me pidió usar mi influencia con mis colegas psiquiatras para obtener que los londinenses voten por “Los progresos del psicoanálisis” y, si fuera posible, que intente obtener el voto de los neoyorquinos. Yo misma estoy de acuerdo con él sobre la cuestión, si es que los congresos tienen el menor sentido, y si hay un deseo de instruir a los psiquiatras. Le comento a Ud. estos hechos (confidenciales) y le sugiero utilizar toda su influencia en ese sentido.
P.D.: Como seguramente Ud. lo sabe, el doctor Jacques Lacan es miembro de la Sociedad Psicoanalítica de París y, hasta donde se, es su miembro más progresista. El doctor Lacan sugirió también que habría sido importante que, en el Congreso de Psiquiatría Infantil de este verano, hubiera estado representado el punto de vista progresista en psicoanálisis, y que por lo tanto Anna Freud no tendría que haber sido escogida como portavoz”.
- El segundo encuentro Klein – Lacan se produce en agosto de 1949, en el XIV Congreso de la IPA en Zurich en el que Melanie Klein interviene con un trabajo “Sobre los criterios para la terminación de un psicoanálisis”. Lacan presenta “El estadio del espejo”. Cuentan que Melanie estaba encantada de verlo y que Lacan seguía queriendo su apoyo para el Congreso de Psiquiatras que proyectaban realizar junto a Henri Ey y otros.
- El tercer y último encuentro se da en 1950, durante la realización de ese 1er. Congreso de Psiquiatría organizado por H. Ey. En esa ocasión Lacan citará la obra de Melanie Klein para dar un “ejemplo ilustre” del hecho de que los efectos de la técnica psicoanalítica no pueden ser apreciados si no es a la luz de la noción de verdad. Melanie Klein interviene a propósito del informe de Anna Freud, “Discusión del informe de Anna Freud”.
Estos encuentros personales, iniciados por Henri Ey conducen a que Klein le concediera (dado que él lo pide) a Lacan el manuscrito de su libro más importante Psicoanálisis de niños (1932) para que gestionara su traducción al francés, obra que ya había sido traducida al inglés por Alix Strachey. Acto seguido, Lacan le deja el escrito alemán a Gilbert Diatkine, se cuenta que “pierde” lo que ya se había traducido y suscita la indignación de muchos. En 1959, nueve años después, termina la traducción el Dr. Boulanger.
La conclusión de este intercambio le corresponde a Melanie Klein: “Si tan sólo hubiera podido confiarle esta obra a Ud., cuando la Sra. Boulanger me había propuesto traducirla, después del Congreso de Zurich!…Pero, como Ud. sabe, no podía quitárselo de las manos a Lacan…¿de qué sirve llorar el pasado?”.
En estos fragmentos podemos apreciar una de las tantas pequeñas partes que componen la historia grande del movimiento psicoanalítico, y la sucesión de actos que no dejan de ser políticos. Produce una gran resonancia esto de que a los psiquiatras, Ey a la cabeza, se les ocurriera que una “mujer no médica” fuese el nexo y el enganche para que más psiquiatras interesados en el psicoanálisis se sumaran a la causa. Que en boca de ella quedara el tema del “Progreso del psicoanálisis” produce asombro, pero confirma que si lo que se pretendía era hacer avanzar el discurso, revitalizarlo, no se podía hacer de modo conservador y reaccionario, sino con el extranjero jugando fuerte en el umbral, confiando en que lo que se produjera en el litoral de los territorios, conservara y a la vez ampliara el campo freudiano. Ambos eran piezas claves para esta operación al hacer y sostener las preguntas pertinentes sin las cuales el legado freudiano iba camino a ser cosa muerta.
Psicoanálisis de niños, el libro encomendado a Lacan para su traducción, cuyo original estaba en alemán, la lengua madre de Klein y de Freud, es una pieza clave en esta historia dado que es el informe de una experiencia y de los fundamentos de un psicoanálisis con niños, sentando sus bases teórico-prácticas. ¿Por qué no pudo Lacan avanzar en su traducción? ¿por qué quedó demorada nueve años? Estas son preguntas para las que no tenemos respuestas registradas por escrito, sólo que él lo quiso entre sus manos y que ella no pudo resistirse a dárselo, aunque no fuera ni conveniente ni expeditivo. Sabemos que en torno a las traducciones se escriben grandes capítulos de la historia, con mayúsculas y minúsculas.
Se vieron, se aliaron, calculo que intuyendo las cuestiones en ciernes y la importante cruzada por el porvenir y la transmisión del psicoanálisis y el hecho de que al menos resulta insuficiente que la sucesión sea sólo por vía familiar. Mirados a la distancia ambos autores llevaron adelante transformaciones y ampliaciones del campo que abarcaba el método psicoanalítico, muy resistidas, por cierto pero sin las cuales hoy el estado del discurso sería otro.
Por último, la figura de Melanie Klein está en línea directa con la ética que Freud plantea y defiende en el texto ¿Pueden los legos ejercer el análisis?, donde remarca la necesidad intrínseca y extrínseca de los “no médicos” para la continuidad del movimiento y la apuesta por una formación específica en psicoanálisis, que no se subsumiera a la medicina, como requisito para ejercer la práctica.

Adriana Lena Aldrian (1974, San Cristóbal)
Lic. en Psicología. Miembro fundadora del centro de lecturas, debate y transmisión desde el año 2010 hasta el presente. Ha ocupado diferentes funciones como Responsable del área de Clínica con niños, Dirección y Vice dirección, además de integrar distintos grupos, cursos y seminarios de formación que se dictan en la institución. Practicante del psicoanálisis desde el año 2001 en consultorio privado y diferentes instituciones públicas y privadas.
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