
La tostada saltó del tostador y dio una vuelta carnero antes de caer de costado en el borde de la mesada. No cayó al piso.
La ventana estaba abierta y el sonido del mar entró rítmico como un reloj, fue un instante, después, debido al viento o vaya a saber que fenómeno, se descompasó un poco, mejor así. También sentí el aire en la piel y en los pulmones. Respiré un momento en calma. No es fácil que eso suceda, no me refiero a la calma, sino simplemente que la cabeza se vacié y nos permita estar ahí. La cabeza es un caballo salvaje, lleno de bríos y corcobeos,bufadas y coses. Muchas veces hay que calmarla, ni siquiera vaciarla. Eso es casi imposible. Siempre queda alguna canción o melodía en la cabeza.
Miré tu cuadro en la pared. El recuerdo volvió a irrumpir. Y ahí en ese recuerdo estabas conmigo. Una charla que habíamos tenido en relación al tiempo.
-Pero dale che, me habías dicho: “Si yo tuviera el tiempo que vos tenes, ¿sabes todo lo que haría? Y te brillaban los ojitos. Entre pícaro y desafiante.
-Los dos tenemos el mismo tiempo, solo que vos lo aprovechas al mango y yo lo pierdo. Eso te respondí, y me miraste con los ojos bien abiertos y un poquito fijos, o detenidos, como en el “instante de ver”. Bueno, ya no lo pierdo tanto. Va a ser un año que no estás en este universo, el de lo palpable. A veces sigo charlando con vos. Algunas cosas cambiaron. Ya no lo pierdo tanto.
– A vos no te alcanza una vida para hacer todo lo que queres hacer, necesitas varias!- Té había dicho en esa ocasión. Y creo que tuviste varias en una. ¿Excesos? seguro. Pero también deleites, arte, música, escritura, pintura, psicoanalisis, amigos. Cosas buenas.! Ah y amor. Fuiste amoroso. De eso no cabe duda. ¿Loco? Un poco también.
Con respecto a mi esa idea de que la vida no me iba a alcanzar se me cruzo por la cabeza con relación a los mp3 de música de la biblioteca del rincón de casa . Claudio, mi marido los grabó, yo aporte también un poco en la tarea. Además de ordenarlos, escucharlos, limpiar las cajitas que los contiene y dedicarles tiempo, muchas horas, muchisimas, gracias a la preparación de las clases de expresion corporal. Es que no es solo danzar, se generan climas, visiones, emociones, ideas, ritmos a través de la música en conexión con la danza .
Después llegó spotify, también vos me recomendaste que lo contratara y bueno, pandemia mediante, el algoritmo me demostró conocerme mejor que nadie. Eso elegi creer de manera ingenua.
Sigamos, ahi en el algoritmo está el tiempo, medible, cuantificable. Pero ¿ cómo lo cuantificable, se transforma en cualidad?
“Escuchaste Amelie, Le jour triste 300 veces este año. Tus artistas preferidos y más escuchados este año fueron Gabo ferro, Gustavo Santaolalla, Ian Tearsen, Coldplay . Escuchaste la música de la pelicula “La forma del agua” 100 veces. Para concluir la maquina sentenció: tu estilo musical es melancólico y enérgico. Totalmente acertado! Me gustó que spotify me conociera tanto. Ridículo, no? Si es un algoritmo.
¿Pero de nuevo veamos qué me apura tanto?
Detenerse en un abrazo, demorarse un poquito,¿ por qué no? Me encantaría. Me es necesario..
-No pasa nada, de verdad ! No va a doler. Animate. Me lo digo a mí, te lo digo a vos, a todos!
– Me da cosa, digo ,les da cosa también, ¿no? además no hay tiempo. Ya no tenemos tanto tiempo. Los de sesenta ya pasamos un umbral, si estamos vivos. Corremos para ganarle al tiempo como los tábanos a fin de Enero cuando su ADN les indica que están por perecer.
Y nosotros los humanos a veces somos como los tábanos.
¡Y el miedo! Nosotros además tenemos miedo.
Al tábano le sacas un ala y trata de seguir volando, entonces gira, y gira en redondo. Sí le sacas las dos lo convertís en un insecto caminante. Tiene todo preparado para volar y no puede. Cuando le quitas la cabeza ya no sufre. A veces vuela un ratito más.
_ Que le corten la cabeza!!! decía La reina de corazones en Alicia en el país de las maravillas.
Y ahí, si lo pensamos en serio, no nos queda mejor opcion que no perderla. Porque en realidad, no somos tábanos, no?
La podemos apaciguar, en un abrazo, en una canción, en el silencio, haciendo lo que nos gusta, o también tocando dos palitos encontrados en la playa, mientras caminamos, toc, toc, toc, toc, bien rítmico como el oleaje del mar.
No es el mar, es la ola, no es la ola, es la espuma, no es la espuma es la bruma, no es la caída, es el salto, el suspenderse, no es caer, o es caer y volver a subir, es impulsar, no golpear. Es tocar y tratar de abrazar. Es despegar y aterrizar. Es también hablar.

Adriana Nole (Buenos Aires, 1963)
Psicoanalista. Licenciada en Psicología de la UBA. Profesora Nacional de Expresión Corporal. Escuela Nacional de Danzas (Actual UNA). Realizo también formación actoral en Escuela de Teatro “La Barraca”, dirigida por Rubens W Correa. Trabajó en la Escuela Municipal de Arte de San Carlos de Bariloche desde 1997 hasta el 2023. Ejerce la clínica psicoanalítica desde el año 1997 a la actualidad. Es miembro activo del Centro de Lecturas, Debate y Transmisión desde el año 2022. Coautora del libro “Impulsar la Danza” Un encuentro entre Expresión corporal y Psicoanálisis. Nació en Buenos Aires en 1963. Desde el año 1997 se radicó en Bariloche Argentina. Desde el año 2023 vive en Bariloche y en La Serena, Coquimbo, Chile. Empieza a escribir en Pandemia en el taller “Anticorona” dirigido por Guillermo Fernández.
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