
En la conferencia 27 Freud arranca diciendo que sin el estudio de la transferencia todo lo que él viene trabajando y explicando de diferentes formas queda incompleto. No dice que va a trabajar la transferencia, porque maneja el suspenso, pero sabemos que va a trabajar la transferencia.
Esta es tratada como el camino por el que opera la terapia analítica y produce resultados aproximados. “De un hecho nuevo sin cuya comprensión los procesos patológicos que hemos estudiado quedarían sensiblemente incompletos”.
Desde el principio de la conferencia, pareciera que Freud presenta un paso a paso de lo que se debe hacer ante los fenómenos del análisis, e indica que el analista interpreta y continua. También señala dos excepciones donde esos paso a paso no son efectivos. Uno es con los paranoicos y otro con los melancólicos. Es decir, la excepción hace a la regla para el método, pero además, es importante pensar cómo estos dos casos transfieren, si es que lo hacen.
También dice en relación a la ciencia y a los médicos en general que empieza a pasar en los análisis y que no pasa en esos otros métodos. Primero llama “fenómeno” a la transferencia y dice que el amor que siente el paciente por el médico es recíproco. Y que ese fenómeno tiene íntima relación con la enfermedad. Esa parte íntima tiene que ver con la parte libidinal. Ahí es entonces que presenta el concepto de “transferencia amorosa o positiva”. Que también podría llamarse: positiva-negativa, amor-odio, u hostil-amorosa. Lacan va a preferir los términos hostil-amoroso. Porque los postfreudianos optaron por positivo-negativo de manera esquemática y esto hace que la transferencia quede desexualizada. Siguiendo a Freud, me voy a referir a la amorosa y la positiva de la misma forma.
Este fenómeno se presentaría entonces como transferencia. Y ahí hace una aclaración importante, señala que, esta transferencia —positiva o amorosa— no tiene que ver con la persona del médico sino con la situación en la que están involucrados paciente y médico. Y agrega algo en relación a la transferencia hostil o negativa, que se presenta más en los varones obsesivos. Freud también subraya que a mayor transferencia amorosa, mayor mejora del paciente. Algo importante sobre esto es que nunca están justificados ni los sentimientos amorosos, ni los sentimientos hostiles. Si bien hasta ahora no estoy diciendo nada nuevo, lo que podríamos agregar es que la transferencia proviene de la sexualidad. Y que tiene que ver con la actividad libidinal.
Hago un paréntesis para comentar un dato anecdótico que me encanta. El final de la conferencia 27 un oyente —estas conferencias todavía las da a médicos y legos en la Universidad, manteniendo el espíritu oral— le dice a Freud, al final dio usted tantas vueltas para decir que usa el auxilio sugestivo como los hipnotizadores, ya lo sospechábamos, lo trata de hipnotizador deshonesto, “¿quién garantiza ahora la certeza de esos descubrimientos?”. Freud le responde que es una objeción interesante, que merece una respuesta y que esta vez no tiene tiempo, que la próxima será respondida, que ahora está abocado a terminar lo que los ocupa.
En la conferencia 28 comienza por la parte práctica y después pasa a la parte teórica, donde fundamenta la transferencia con la teoría de la libido. Marca entonces que el neurótico es incapaz de gozar y de producir al mismo tiempo. De gozar, porque su libido no está dirigida a un objeto real. Y de producir, porque tiene que gastar una gran parte de su energía en mantener la libido en estado de represión, para defenderse de su propio asedio. Propone que eso se curaría si nuevamente puede disponer de esa libido para que vuelva al yo. Dice también que la libido del paciente está ligada a los síntomas y que la clave está en resolver la relación con el médico. Nuevas versiones de un viejo conflicto. Así es que define la neurosis de transferencia en relación a la teoría de la libido proponiendo una nueva neurosis artificial, que distribuya la libido en diferentes objetos. El médico queda entonces como un objeto provisorio, garantía de esa libido extra que al final del tratamiento, cuando la transferencia se desarma, vuelve a estar a disposición del yo.
¿Qué es la transferencia? ¿Por qué ese término? ¿Qué pasa ahí?
Freud propone diferentes definiciones en sus textos. Por ejemplo, en Recordar, repetir, reelaborar dice que lo que transfiere al médico el paciente son sentimientos pasados que se actualizan. Él podría decir directamente que aquello anterior se actualiza en la relación con el médico y que luego, con las diferencias que se restablecen, llega la cura. Pero, en lugar de eso, dice que se transfiere algo.
¿Qué es lo que transfiere? ¿Cuáles son esos sentimientos? ¿Por qué la transferencia es positiva y negativa?
En Sobre la dinámica de la transferencia —texto anterior a las dos conferencias— Freud dice que “para comprender la transferencia no se puede pensar en una transferencia a secas”. O sea, tiene que haber una transferencia tierna y una transferencia hostil. La tierna la divide en erótica, amistosa-tierna que son sexuales, y a la vez debilitadas por su meta sexual.
En Proyecto de una psicología para neurólogos Freud habla sobre la transferencia, no sobre esta transferencia en el análisis, pero sí sobre la transferencia en el aparato psíquico. El aparato psíquico opera por transferencia de cantidad de huellas mnémicas y tiende a la alucinación, que es una cualidad. Podemos decir que transfiere cantidades y las traduce en cualidades. Por otra parte, el aparato busca reencontrarse con el objeto perdido, objeto que nunca encuentra.
Es llamativo que Freud, para hablar de la relación médico-paciente, use la palabra transferencia; en alemán: übertragung, término que también puede significar «traducción», «transcripción» o «desplazamiento de un punto a otro». En las traducciones al castellano queda escrito como transferencia. Si hablamos del aparato psíquico podemos pensar entonces que el paciente va a transferir al analista cantidades libidinales que van a ser traducidas en las cualidades amor-odio.
Freud siempre dice que hay algo que se actualiza en esa relación y que eso hace a la cura.
Esta es la idea principal. Ahora voy a ordenarla:
Hasta ahora entonces dije que Freud estudia La relación del médico como una actualización de la neurosis: en La neurosis de transferencia dice que se encuentra con el fenómeno de la transferencia amorosa y la transferencia hostil y que para constatar teóricamente su teoría de la transferencia, habla de la teoría libidinal. Me fui al aparato psíquico del proyecto para entender algo sobre la transferencia y dijimos que la transferencia es de cantidad y se traduce cualidad. Y lo que pasa en el análisis con el analista se intenta encontrar un objeto que no encaja ni de un lado ni del otro.
¿Qué quiere decir esto? La constitución del yo desde el Proyecto… está dada por la introyección y la exclusión que crean un límite entre el yo y el no-yo. Lo agradable es yo y lo desagradable es no-yo. El yo está constituido por objetos amables que toma del campo del odio, del lado del no-yo. ¿Qué quiere decir “amables”? Porque no son amados, sino amables. Estos objetos son posibles de ser amados. Osea, en algún momento los objetos amados no lo fueron y estaban en el campo del odio. Una vez que entraron al yo, son amados ¿Qué quiere decir? Que si no está en el yo, se encuentra en el campo del no-yo, que es el campo del odio. Entonces el objeto potencial a ser amado está del lado del odio. Si estuviese del lado del yo, no hay nada que buscar, ya está incorporado, ya se ama.
El analista, me parece, queda del lado del no-yo y por eso Lacan, en esta clase 10 y 11 empieza a hacer un recorrido un poco más exhaustivo del tema, y propone que el analista vaya del lado del objeto a.
¿Qué quiere decir que vaya al lado del objeto a? No que consista en el objeto, sino que vaya al lugar. No podemos consistir en ese objeto. Entonces el analista va al lugar de ese objeto amable, quiere decir que todavía no es amado, todavía no está del lado del yo, está en el campo del odio. Entonces, si el analista queda del lado amable, que es del lado exterior, del no-yo, es decir del lado del odio, y es potencial a ser amado, esto explica por qué la cualidad es amorosa, o sea, de amor y de odio. Ahí es donde aparece la ambivalencia.
Ejemplo clínico: El otro día viene un niño a mi consultorio y lo primero que me dice es: “hola, te extrañé, te quiero”. Lo dice rápido, como si lo sacara de encima. Había traído unos walkie talkie y empezamos a jugar con eso. Lo primero que me dice en esta nueva interacción es: “te odio, Sol”. A mí me resulta más fácil el ejemplo en los niños, en la relación ambivalente, porque tienen esta forma directa de expresarlo: te extrañé, te quiero, sos fea, sos linda, te odio, te amo.
Otro ejemplo que me acordaba, es el de una paciente que jugaba a triturarme y después venía y me decía: “ay, te quiero”, y me abrazaba y qué sé yo. Toda la sesión consistía en que ella me trituraba, o sea, me metía en una máquina, y yo tenía que ir sacando partes de mi cuerpo. Bueno, esa es la ambivalencia. El objeto que es posible de ser amado, está del lado del odio.
Sigo un poco más con el Proyecto… Sabemos que se puede tener noticia de la vivencia de satisfacción a través de la vivencia de dolor, que pone el corte y en retrospectiva se constituye en vivencia de satisfacción. Lo digo rápidamente y en resumen:
La vivencia o experiencia de satisfacción es aquella por la que los estímulos internos generan un desequilibrio en la fuente, la descarga que hace el aparato psíquico no es suficiente porque el estímulo endógeno continua tensionando, por ejemplo, el grito. La cancelación de este estímulo es solamente a través de una modificación del mundo exterior, con el auxilio de otro que haga la acción específica, es alguien que cuenta con las condiciones materiales que advierte el estado de indefensión del niño. Ante estos estímulos el aparato psíquico se encuentra indefenso estructuralmente. Hay que diferenciar esta indefensión, desvalimiento, desamparo, de la inmadurez. Es la indefensión primaria la que queda para siempre. El aparato psíquico más desarrollado encontrará apoyos donde sostenerse, si se tratara de la madurez se podría superar. Una vez que se cumple la acción específica desde el exterior, por medio del auxilio ajeno, a través de reflejos se hace lo necesario para eliminar el estímulo endógeno en el interior del niño. Todo el proceso constituye la vivencia de satisfacción.
En esta instancia, el grito del niño se vuelve exterior para él hasta que la persona que ejerce la acción específica evoca su propio grito y traduce, es decir: significa, el grito del niño. Esta demanda deja como huella un deseo que va más allá de la necesidad, de los cuidados urgentes, los primeros cuidados de nutrición y de preservación de la vida. De este modo, la vivencia de satisfacción conserva en sí misma la vivencia de dolor. El niño alucina. En el momento que chupetea en el aire, se desequilibra la fuente (ese aparato psíquico desvalido) porque tiene una gran cantidad de estímulo interno del que no puede huir. Entonces hace un espasmo y estalla en un grito. Porque la alucinación no satisface una necesidad, por ejemplo la nutricia.
Habría respecto de la cancelación de la vivencia de satisfacción por medio de la ausencia de la presencia que se alucina, la construcción del grito como el primer objeto hostil.
La vivencia de dolor es el momento de quiebre de la alucinación. Es en esa decepción por la presencia de la ausencia de lo alucinado que se constituye el dolor.
Durante estas dos experiencias no hay todavía quien las viva. El sujeto —el aparato psíquico— es el resultado del choque de las dos exterioridades. El sujeto es el resultado de las vivencias de dolor y de satisfacción. Es por eso, que no tenemos noticias de la vivencia de satisfacción hasta no experimentar la vivencia de dolor, antes de esto no hay sujeto que se anoticie. Esta vivencia es mítica y tiene un carácter alucinatorio, es mítica porque no fue una vivencia y tampoco de satisfacción.
No hay cura sin transferencia negativa
Sin la transferencia negativa no podemos saber de la transferencia positiva. Si sigo con la analogía de la vivencia de satisfacción y la vivencia de dolor —mejor dicho de dolor y de satisfacción— si fuese una transferencia pura, “a secas” no hay un corte. La transferencia positiva se sostiene en el fondo de una transferencia negativa.
Las vivencias de dolor y de satisfacción en el Proyecto… Nos muestran la operación de cómo se establecen los límites entre el yo y el no-yo. A partir de esto podemos pensar los fenómenos de la transferencia en la clínica. Lo que enmascara esa transferencia positiva pura, (como alucinación constante) es que, en realidad, se sostiene en un impulso destructivo. Podemos pensar con esto el complejo del semejante, que es el primer objeto hostil y a la vez de amor. Es decir, consisten las dos cualidades en el mismo objeto. En el prójimo está el Eros, que siempre va ligado a la destrucción. No hay amor sin destrucción. Si no, no existiría, por ejemplo, el precepto “amarás a tu prójimo…”. Es esa destrucción a la que está ligado el amor a ese objeto, que nos hace querer incorporarlo y eso es su destrucción.
Gracias al prójimo los seres humanos podemos discernir entre las cosas. Es decir: porque hay un otro. Freud termina el texto Sobre la dinámica de la transferencia diciendo que se trata de una lucha entre el médico y el paciente y ahí le asigna a cada uno sus atributos. Es entre el intelecto y la vida pulsional, entre el discernir y el actuar.
Lo que me interesa destacar es que el discernir queda del lado del médico. Si ponemos al analista en el lugar de ese objeto prójimo, hostil, existe en el análisis la posibilidad de poder establecer alguna diferencia. Pero, como les decía antes, ese objeto no queda ni de un lado ni del otro. Que esto sea así hace que el analista no consista en ese objeto de amor ni de odio. Entonces queda siempre del lado del campo del odio, justamente porque es posible de ser amado. Ahí es donde está la ambivalencia de la transferencia positiva y negativa.
Buscando qué tomar de cada texto me encontré con uno de Melanie Klein en Envidia y Gratitud que se llama Los orígenes de la transferencia. Ahí esperaba encontrarme con un recorrido sobre la transferencia, pero me llamó la atención que ella habla del pecho bueno y el pecho malo. La primera transferencia es con la madre porque en ese mismo objeto, en el mismo objeto pecho, está lo bueno y lo malo que coincide con la misma persona de la madre.
Como cierre, y para dejar una idea a desarrollar en otro momento, quisiera dejar planteado que: el analista quedando en ese límite —en el que no se puede ser ni amado ni ser odiado, es decir, no estando ni del lado del yo ni del lado del no-yo—, va al lugar del objeto aspiracional que Lacan propone como objeto a.

Sol Batista (Buenos Aires, 1995)
Practica el psicoanálisis, es miembro e integrante de la actual comisión directiva del Centro de Lecturas: Debate y Transmisión.
Forma parte de la coordinación de Las Identificaciones: Lecturas del Seminario 9 en lengua castellana. Forma parte del Grupo Savoy en Rosario. Y del grupo Nietos de Masotta en Buenos Aires. Integra la comisión editorial de la Revista Pulpo.
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