El mal, el terror y sus víctimas, por Domingo Santos Maio


.Si se nos juzga por muestras mociones inconscientes de deseo, somos, como los hombres primordiales, una gavilla de asesinos. Freud. — Pone en cuestión esa postura de sentido común de sujetos muy buenos, victimas sacrificiales, frente a otros muy malos.

.El mal no es inhumano sino más bien todo lo contrario, una expresión radical de la libertad humana. Semprum. – – El mal es humano demasiado humano.

.El mal es extimo, intimo, propio del sujeto, pero al mismo tiempo pertenece al lenguaje, la cultura y al inconsciente. Lacan – – El mal es unheimlich

.La banalidad del mal. H. Arendt. — El mal puede ser banal.

.El mundo se está convirtiendo en una caverna igual que la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que ven la realidad. J. Saramago. – – Si lo real no puede ser simbolizado, la realidad se nos presenta cada vez más velada.

.Los estados no están ligados a ninguna ley, ni moral; las premisas de su funcionamiento son: poder, intereses y seguridad. – Geopolítica aplicada.

Vivimos tiempos de oscuridad

La guerra ruso-ucraniana asola Europa desde hace más de cuatro años; el Oriente Cercano está en llamas, parcialmente extinguidas, con intercambio intermitente de misiles entre la armada estadounidense e Irán; la OTAN se expande más allá de lo convenido por la diplomacia entre bloques de poder, afectando lo que los rusos consideran su espacio existencial; los países de la Unión Europea destinan entre el 3 y 5% del PBI a la industria de defensa afectando al estado de bienestar; Alemania toma deuda pública para disponer el reequipamiento de sus fuerzas armadas por ochocientos mil millones de euros; Polonia construyó el ejército más poderoso de Europa después del ruso; los pequeños países bálticos piden poseer bombas nucleares como elemento disuasivo frente a una supuesta amenaza rusa futura; los franceses ponen a disposición del resto de los países sus bombas nucleares; el estrecho de Ormuz es centro de litigio de todos los países del golfo, los estadounidenses contra los iraníes; el discurso de las élites europeas se desliza hacia el militarismo creando un enemigo común (Rusia) como forma de aglutinar consensos y promover la reconversión industrial especialmente la automovilística hacia la militar; los Estados Unidos se retiran parcialmente de Europa para concentrarse en el Sudeste Asiático, para hacer frente a su competidora China percibida como una amenaza existencial a su hegemonía global; la guerra irano-israelí-usa generó una hecatombe económica a nivel global todavía pendiente de resolución; los conflictos en África, Sudán, los países del Sahel; el deterioro económico de Francia, Inglaterra, Alemania e Italia con fuerte déficit público que supera largamente los PBI de cada uno; la voladura del gasoducto Nord Stream 2 implicó la utilización de gas licuado por parte de Europa con un precio superior al 300% afectando el nivel de vida de la población; el enfrentamiento secular entre chiitas y sunnitas que genera un conflicto permanente entre los países del golfo; el conflicto existencial entre el Estado de Israel y el estado persa, presente desde hace 50 años; el conflicto anunciado anticipadamente entre los israelíes y los turcos. Un fantasma recorre Europa, el fantasma de la guerra total.

A diferencia de la biopolítica implementada por los estados en el siglo XX, cuya expresión significativa fue el estado de bienestar, en cuyo marco la vida era cuidada, administrada, prolongada, donde la muerte se percibía como lo inevitable de la naturaleza; en este capitalismo del siglo XXI es otra la lógica que marca la acción de los estados «la seguridad y el control social total», a través de algoritmos presentes en todas las actividades humanas. En función de este paradigma de seguridad y control, los estados deciden quienes deben morir y en qué circunstancia, la muerte es su herramienta. En este sentido el terrorista es la otra cara de la misma moneda, tiene poder sobre la muerte propia y ajena.

Aparte de estas y otras consideraciones geopolíticas, me interesa subrayar los cambios que se producen a nivel del sujeto y de los grupos sociales involucrados, para ello tomaré dos aspectos, el Terrorismo entendido como acción contra la población e infraestructuras públicas de uso civil y el papel de las Víctimas hoy, en el entendimiento de los cambios epocales que se consolidan.

Atentados, maldad y violencia han existido siempre, aunque hoy asumen otra significación.

• El partisano: los realizaba como forma de socavar a un enemigo real mucho más poderoso, en defensa de su territorio o país.

• El guerrillero: con sus golpes de mano, se hace visible, ya no contra un enemigo que ha ocupado un territorio o país, sino que se confronta con un determinado sistema político considerado injusto, apostando por un mundo mejor.

• Los anarquistas: pensaban eliminar al estado opresor como estructura institucional, para construir una sociedad autogestionada más armónica, participativa y justa.

• El nihilismo: como pensamiento filosófico o práctica política, no se evade del mundo, es el cuestionamiento de todos los valores existentes y la búsqueda de una libertad más allá de las convenciones sociales.

Hasta aquí es visible el anclaje de estos actores con alguna realidad material y simbólica del mundo.

El terrorista, último imaginario de la globalización, en cambio, quiere abandonar al mundo, el cual le es ajeno y nada le ofrece, hay un rechazo radical de la sociedad como totalidad.

A diferencia del partisano, el guerrillero, el anarquista y el nihilista; el Terrorista moderno remite a otra lógica, se sitúa más allá de la política y la ética, se percibe víctima del mundo globalizado, perpetra una violencia extrema sin remordimiento; habilitado por esa victimización se autoinmola, llevándose a los otros con él, el terror es su horizonte y destino.

«El futuro del terror está en el terror de un futuro sin sustancia.»

La propia muerte como arma absoluta deja inerme a los estados y poderes más concentrados, lanzándolos a una espiral de violencia sin límite. Piénsese en el 11 de septiembre, la Rambla de Barcelona, el Bataclan de París o el ataque de Hamás el 7 de octubre y sus consecuencias: la invasión a Afganistán, Irak, Libia o la destrucción de Gaza con miles de muertos civiles y una destrucción simbólica y material incalculable.

Hasta la modernidad, el significante víctima no tenía gran prestigio. En el mundo antiguo, el que sufría un mal o una desgracia se sentía responsable de sus actos, pensaba que había sido abandonado por el destino y la suerte o castigado-engañado por los dioses debido a sus acciones.

De héroes a víctimas. En la modernidad los que se asumen como víctimas, entre ellos los terroristas, adquieren un carácter visible, salen de su esfera privada y entran en el espacio público. En el caso de los terroristas usan la técnica y el espectáculo como herramientas, buscan visibilidad. ¿Una forma de tener una inscripción en la historia que ya no le pertenece? Los niños bomba en Oriente Cercano o los hermanos unidos en el terror en Francia implican una ruptura radical del sentimiento materno-paterno o generacional, por los padres o por los hijos; entre padres e hijos, en ambos casos, la más radical de las rupturas. ¿Cuál es el goce que anima a estos padres o hermanos?

Una de las tantas variantes colectivas «edulcoradas» del terror son: el apocalipsis y el fin de los tiempos, tan presente hoy en vastos y activos grupos humanos, cuyas versiones más visibles son el salafismo yihadista (la yihad universal) y el cristianismo sionista (el fin del mundo).

El terrorista lee «a la letra», rechaza la lectura crítica y la hermenéutica en el sentido de la comprensión de textos míticos, sagrados, literarios o filosóficos, teniendo en cuenta la época, el contexto y su posible proyección al presente; la violencia no está en los textos, en este caso sagrados, sino en presumir tomarlos al pie de la letra, sin ninguna mediación. En este sentido, la hermenéutica es un potencial de liberación. Los textos judaicos o islámicos son y no son religiosos (muchos los toman como tal), sino que son también expresión de modos de vida, pertenencia a una cultura, historia y destino.

Por eso las posiciones extremas como el salafismo, Al Qaeda, Osama bin Laden, el Estado Islámico o Donald Trump con el Estado de Israel, por la lógica geopolítica que orienta la conducta de los estados («poder, seguridad e intereses»), al pretender destruir civilizaciones o grupos nacionales completos, propician el mal y el terror. Trump es la otra versión de esta modernidad avanzada; por su narcisismo, omnipotencia, poder político y militar, cree poder decidir el destino de todos.

El terrorismo moderno excede la lucha de clases, la política y la teología; aunque las puede amalgamar en diferentes variantes, en última instancia es una protesta contra la modernidad del siglo XXI frente a un futuro que se presenta terrorífico y sin sentido.

La víctima, especialmente el terrorista moderno, capturado por el resentimiento hacia el poder y los otros, producto del mal sufrido, asume una identidad negativa, ha perdido la esperanza de un mundo mejor, de alguna manera intenta detener el devenir de la vida y de la historia.

Lo paradójico es que el terrorista de ayer o de hoy (que no se inmole) puede devenir en el estadista del mañana. Piénsese en Begin, Arafat, o Abu Mohammad al-Julani (mencionado en el manuscrito como Mahamed al-Bashir, actual premier de Siria, uno de los líderes del Estado Islámico hoy aliado de occidente, que cortaba cabezas y jugaba al fútbol con esas mismas cabezas).

Los estados modernos, implicados por su paradigma existencial, sea la pureza racial, la necesidad de seguridad, el espacio vital o la tierra prometida por Dios, pueden y cometen crímenes. En ese sentido son terroristas, dado que propician el terror.

Desde el juicio de A. Eichmann en Jerusalén, el papel de la víctima cambia de forma radical: de testimonio de un perjuicio sufrido, pasa a ser parte integrante del tribunal de justicia, juez y parte. El secuestro de A. Eichmann y su juicio implicó un giro copernicano en cuanto a la ruptura del orden y de la justicia penal internacional; rompió la lógica formal del tercero neutral entre víctima y victimario.

El análisis de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal en relación a este juicio no exculpa a Eichmann del mal, ni la responsabilidad de los jerarcas nazis en el exterminio de los judíos, sino que, a través de esa figura emblemática, da cuenta con antelación sobre el mundo por venir, donde él es el paradigma de ese mundo colonizado por la técnica, de falta de preocupación del pensar, culto organizado de lo simple, anestesia mental, aburrimiento, temor al pensamiento, en última instancia reducción de los problemas complejos, graves, a algo trivial, superficial, de poca o nula importancia.

Esa es su advertencia: el ser humano transformado en un simple engranaje de una maquinaria autónoma que determina la vida de por sí, en eso consiste la banalidad del mal. Chaplin en «Tiempos Modernos» anunciaba la posibilidad de ser un engranaje de la fábrica taylorista. Ya no se trata de ser una pieza de la producción fabril, sino la sustitución de la actividad creativa humana en tareas de pensamiento mediada por la IA y sus algoritmos. No habría instancias a lo Dostoievski o a lo Kafka.

Hoy un estado con poder militar puede acusar a otro sin fundamento sólido de terrorista, haciéndolo pasible de medidas coercitivas o de exterminio. Antes los estados tenían necesidad de velar sus intenciones, justificar sus actos de acuerdo al derecho internacional, ya no.

Se puede exigir a un país detener el enriquecimiento de uranio de acuerdo al derecho internacional y al mismo tiempo bombardearlo violando el mismo derecho invocado. Todo parece normal. Es el dominio del poder, de la violencia y el terror.

Domenico

10.7.26


Domingo Santos Maio, (Italia 1943)

Es técnico electricista, estudiante de
medicina, encarcelado y expulsado en las jornadas represivas de la
Ilamada «noches de los bastones largos» de la dictadura cívico-militar de
1966, Licenciado en Ciencia Política UBA, docente 1992 – 2001, cátedras
Historia del pensamiento económico y Economía Internacional, estudios
y trabajos sobre geopolítica internacional.
En la actualidad comercializa material eléctrico y lumínico y practica
psicoanalisis teórico desde hace 15 años.
Es miembro adherente del CLDT desde los inicios de la institución,
actualmente miembro pleno.